
Adrian Tomine era un desconocido en España hasta la publicación por parte de La Cúpula de una de sus recopilaciones (Rubia de Verano) en el 2005. En Estados Unidos ya era uno de los autores más reconocidos del cómic underground yanki debido a su propia serie (Optic Nerve) de salida no periódica.

Tomine lleva escribiendo y dibujando Optic Nerve desde 1991, cuando solamente tenía 17 años. A partir de esa fecha se han publicado 10 números de la serie, compuestos por historias cortas que Tomine ha ido haciendo todo este tiempo. En sus cómics funciona una revisión del slice of life, es decir, trozos de vida aparentemente insignificantes pero que detrás esconden mucho más. Los personajes están reflejados de forma excepcional, tanto desde el punto de vista del guión (donde cada sujeto del cómic toma las decisiones adecuadas atendiendo a su carácter) como desde el dibujo (destacan las expresiones faciales, haciendo que los silencios sean tan importantes como los diálogos). Las historias se mueven entre la sordidez y la desesperanza, con personajes nihilistas, en estado depresivo y que tratan de ser invisibles hacia el mundo que les rodea (como en Ghost World de Daniel Clowes, uno de los referentes de Tomine).

Reflejo claro de la desilusión que se vive en el cambio de siglo, Optic Nerve es un cómic duro y violento (sobre todo en lo psicológico), y esto hace de Tomine uno de los autores más importantes de las últimas décadas.

Además, también ha hecho trabajos como ilustrador para grupos como Eels (ilustración aquí y portada para single aquí) o Weezer (ilustraciones aquí y aquí) o para revistas como Time o The New Yorker. En esta y en esta página hay bastantes dibujos suyos. A continuación, os dejo uno de mis trabajos favoritos de Tomine, una portada para The New Yorker, ejemplo de la tristeza que inunda su obra.

En España, La Cúpula ha editado dos de sus libros recopilatorios, primero Rubia de Verano y recientemente Sonámbulo y otras historias.
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"Comencé V de Vendetta en el Verano de 1981 (…) Terminé V de Vendetta en el Invierno de 1988 (…) Representa mi primer intento de realizar una serie regular (…) Pequé de ingenuo al suponer que hacía falta algo tan melodramático como un conflicto nuclear para llevar a Inglaterra hacia el fascismo (…).
Ahora estamos en 1988. Margaret Thatcher comienza su tercer mandato y lídera sólidamente el Partido Conservador (…) en la prensa circula la idea de campos de concentración para los enfermos de Sida. La nueva policía antidisturbios llevan visores negros, como sus caballos y sus furgonetas transportan videocámaras giratorias en sus techos. El gobierno ha expresado su deseo de erradicar la homosexualidad (…) y uno se pregunta qué nueva minoría será atacada legalmente después (…).
Este país es frío, miserable y corto de miras. Y no quiero estar aquí en el futuro" (Alan Moore, 1988)

Hace año y medio que lo leí por primera vez. Desde entonces, me he acercado tres veces más a este cómic. Estas cuatro lecturas de V de Vendetta me han servido para comprobar la magnitud de esta obra. Resulta imposible entender su grandeza en sólo cuatro lecturas, sus detalles, los infinitos pliegues donde miles de piezas se unen para crear una de esas pocas obras imprescindibles en el noveno arte.
El encargado de encajar todo eso de una manera matemática es Alan Moore, justamente considerado como uno de los grandes maestros del cómic moderno (sólo hay que leer Watchmen o Desde el Infierno), que contó con la inestimable ayuda del dibujante David Lloyd para crear V de Vendetta. Dos genios en estado de gracia de los que sólo podía salir una obra como esta.
Con Aldous Huxley, Philip K. Dick, Ray Bradbury, George Orwell y demás soñadores de la sociedad post-apocalíptica en el punto de mira, Moore construye una historia abiertamente política bajo un cielo siempre negro y amarillo, donde el fascismo se enfrenta a la anarquía, la destrucción cultural contra la destrucción física, la esclavitud contra la libertad. Todo esto queda perfectamente resumido en ese capítulo (el cómic esta dividido en múltiples capítulos, organizados a su vez en tres volúmenes) llamado “Versiones” donde el “Líder” expresa, en un monólogo interior, su amor por “Destino”, la representación del fascismo en el relato, de todo aquello que impide la libertad plena del individuo (“Cuando me toca, me acaricia Dios, el Destino(…) La adoro. Soy su esclavo. Ninguna libertad es tan dulce (…) Espero cada palabra tuya y nunca pediré muestras de afecto. Destino… te amo”) , y en contraposición aparece “V” (protagonista del cómic) manteniendo una conversación ficticia con una estatua del parlamento inglés que representa a la justicia, y echándole en cara su infidelidad (“¡Mentirosa! ¡Puta! ¡Niega que le dejaste hacer lo que quiso contigo, él con sus botas y sus brazaletes negros! (…) Ya no eres mi justicia. Ahora eres su justicia. (…) [Mi nuevo amor] se llama anarquía (…) Me ha enseñado que la justicia es inútil sin libertad. Es honesta. No hace promesas como tú, Jezabel (…) Anarquía… hasta ahora no conocía tu belleza”). Además de la historia principal de “V” y Evey, Moore crea otros relatos enlazados con el principal, donde aparecen personajes secundarios que el guionista usa como vehículo para profundizar en la psique humana. Entre todas estas, destaca especialmente la enfermiza historia protagonizada por el matrimonio formado por Helen y Conrad. Mención aparte merece el trabajo hecho por David Lloyd aportando una nueva dimensión al cómic con sus claroscuros, maximizando aún más la sensación de agobio y de incomodidad que Moore pretende dar a la historia.

Con motivo del estreno de la película, algunos medios de comunicación (siempre haciendo gala de su eterna ignorancia) inventan un debate al decir que V de Vendetta es una apología del terrorismo. Sin haber visto todavía la película, puedo decir que quién piense que este cómic es simplemente una apología del terrorismo o de la anarquía esta muy equivocado. Alan Moore no intenta aleccionar a sus lectores, quiere que pensemos sobre la validez del terrorismo para enfrentarse a un estado totalitario, sacando así nuestras propias conclusiones, como los seres supuestamente inteligentes que somos.

En España, es muy recomendable la última edición que publicó Planeta de V de Vendetta.
servido por riobó
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